miércoles, 4 de abril de 2012

No Preguntes (Daniel Spataro)

Cuando tu barco se hundió, se llevó consigo mi inocencia, junto con tu vida, tus sueños, tu adolescencia.
Y hoy me preguntan por qué no lloro en los velatorios, o por qué no extraño las ausencias.
Las bombas caían, y en el pozo abrazaba unas piernas que no sabía de quien eran, pero me protegían.
Y hoy me preguntan por qué te digo hermano.
Al dolor de cabeza lo seguían los calambres en el estómago y el no saber cuándo algo de comer conseguiría. Y hoy me preguntan, por qué siempre bendigo la comida.
25 de Mayo en Las Islas, algo de sol que no entibia, se iza la bandera. Nosotros en harapos, GRITAMOS nuestro himno.
¡SOMOS PATRIA! ¡ESTAMOS EN GUERRA!
Y hoy me preguntan por qué me emociono cuando en la escuela de mis hijos izan la bandera.
El estruendo implacable de las bombas, golpea salvaje la tierra. De cara al piso, pienso: "la que no escucho, es la que me pega".
Y me preguntan por qué no voy a recitales, y los gritos me alteran.
El temblor del cuerpo era incontrolable: "mientras sienta dolor, no voy a perder las piernas".
Y hoy me preguntan, por qué tanto abrigo si el frío apenas comienza.
El barco, orgulloso, el estrecho atraviesa; en la radio, la marcha, hace que me atreva a sentirme importante: pues el timón soy quien lleva.
Y hoy me preguntan por qué me enojo cuando me nombran: "Pobrecito, chico de la guerra".
En silencio me trajeron, para que mi vida siguiera: ¿Cómo empezarla de nuevo? ¿Cómo si recién naciera? Y me preguntan aún qué espero, por haber ido a la guerra.
Ciudadano, yo te pido, cuando un combatiente veas, no preguntes, no lo juzgues. Sus silencios respeta. Ni gracias, ni pobrecito. Sólo un hombre, que a su manera, por vos y por tus hijos, sigue peleando la guerra. Y si el trajín, un minuto te deja, mira al cielo y recuerda, que 649 como él, en su tierra, aún esperan.

Combatiene por y para Malvinas.

sábado, 24 de marzo de 2012

.Siempre a destiempo.

Tan igual y tan distinto como el otoño y la primavera. No es por hacer llover al cielo que los pájaros buscan su resguardo. Sucede que no quieren dejar de cantar ni por fuego ni por agua, en el aire y en la tierra. El embelesado río se confunde y zigzaguea entre las piedras sintiendo esa temperatura templada, la tierra mojada y la naturaleza en algún tipo de metamorfosis. El viento va y viene, a veces a favor y otras nos despabila de un golpe seco la cara.
En mi alba o en tu penumbra, podemos armonizar con esos veintipico de grados que amenizan el recorrido, pero a veces no hay zapatos que quieran pisar tus hojas ni narices que quieran oler sus flores.
Y eso que yo quería el ramo,
pero ya no tengo tanto olfato...
¿El habrá querido algún crujido?

Ojalá podamos unificar nuestras raíces para entrelazarlas sin que duela y encontrar la luz las dos estaciones al mismo tiempo. Abanicándonos el sudor mientras quebramos alguna hojarasca dorada.

Tan iguales y tan distintos.
Atrás de uno el calor,
siguiendo al otro el frío.

lunes, 23 de enero de 2012

Tratarse de amor

Pararme en frente de la puerta y escucharte. Sentir tu respiración.
Abrirla y que estés ahí, loca de alegría por verme. Que de la emoción te caigas de la cama al piso (de espalda) y que te vuelvas a subir de un salto, te revuelques y me entregues tu panza para que le regale amor táctil y besos. Y te huela: ese olor tan tuyo, lleno de oxígeno.
Ese esperarme tanto.
Ese encontrarme sin reproches.
Que te acuestes a mi lado rozando sin excepciones alguna parte de mi cuerpo.
Buscarme con la mirada y hablarme desde ella, siempre.
Cuidarme hasta que el malestar cese estando al lado mío incondicionalmente
y por placer.
Valorar profundamente mi compañía
como yo la tuya.

viernes, 30 de diciembre de 2011

.Inolvidable comienzo de viaje.

Cuando el día parecía escaparse, impulsado por los pensamientos que con él pretendían refugiarse para no caer otra vez frente a la puerta de mi mente llegó esa manito que, sin soltarme, me llevaba consigo invitándome, dándome la bienvenida a su nuevo mundo (nuevo de todo) para descubrirlo, redescubrirlo, darlo vuelta, saltarle encima, revolearlo, hacerlo picar contra el suelo y subirnos en él en el rebote para llegar en un instante a recorrer el aire, atravesar las nubes, pintarlas con algún arcoiris y zambullirnos en ellas y sentir el delicado y firme sostén de su abrazo. Flotar horas y horas entre el cielo y la balanceante caricia de sus esponjosos cuerpos.
El día quería escaparse pero yo me fuí de él. Porque un sol llegó para quedarse y me llevó para quedarme. Y yo me voy con él, desde el índice de mi dedo (ese que agarró para guiarme) hasta donde él me lleve, hasta donde podamos levantar vuelo. Yo ya me voy armando el equipaje: sólo llevaré una tela que le desplegaré en alguna caída que la gravedad del aire quiera enseñarle, para amortiguar el impacto y que el golpe sea golpe de suerte.

domingo, 20 de noviembre de 2011

.Las hojas caen.

Hay algo que se está pudriendo y yo no voy a hacer nada para detener ese proceso. El corazón está ya tan gastado que no puede ponerse a latir por los demás. Cada día se me cae una nueva fruta en la cabeza pero yo ya no me como ninguna. Si el cerezo prefiere maravillarse con las ramas del peral en lugar de oler sus propias flores, sus frutos van a ser cada vez más chiquitos, más deformes. El sabor no va a deleitarnos tanto y ni siquiera sus colores van a lograr intensidad. Y yo, que todavía puedo arrancarle algún gajito a ese frutal, quiero compartir el sabor de su naturaleza con alguien que pueda y desee comerse los carozos conmigo y así germinar una semilla para hacerla crecer dentro nuestro por igual.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Todo es un engaño. El mundo es un teatro lleno de personajes enmascarados que viven de la tragicomedia y la hacen vivir. La primavera es lluviosa y las gotas caen cada vez más sucias. La lluvia va a dejar de regar a las flores y a los payasos ya no les va a funcionar ese chiste. Mientras tanto, nos seguirán vendiendo inseguridad para vendernos seguridad y vamos a seguir dejando que nos vayan transformando en aparatos. Elegimos alimentarnos con comida envasada, que también es una mentira, para oxidar un poquitito más esta chatarra que de tanta superficialidad se parece más a una armadura que a una memoria de disco rígido. Las imágenes de las fotos tampoco son reales y a las publicidades no les cree ni el que decide comprar el producto. Los dedos van dejando de acariciar las cuerdas de las guitarras y los hilos de nuestra marioneta se han transformado en cables que, enrejando el cielo, quieren custodiarnos para poder manejarnos mejor.
Ya no hay casi nada cierto, si cada vez hay más hipnotizados y menos despiertos. Más celulares sonando y menos corazones latiendo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Volver con el día, salir con el sol, perseguir a la luna, hundirse en algún horizonte.
Que todo el camino sea para arriba, con la energía celestial. Encontrar la temperatura de pasión adecuada para entibiar nuestra sonrisa, la del alma. Todo lo demás, es un reflejo y lo importante no está sobre el espejo sino frente a él.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cuando hablaba de la edad del sol, hablaba de la soledad. De esas soledades que la vienen a visitar y, sin golpear la puerta, se mete adentro suyo con esa llave que tiene y que nadie sabe de dónde sacó. Ella, que puede arrebatarle todas las sonrisas que le queden, que puede tirarle abajo todas las paredes que construyó para que el hueco que fue escondiendo sea un poquitito más grande y así hacerla sentir un poquitito más sola. Para que el vacío se llene bien de nada, por nada. Desamparada, sentada, acostada, derrumbada. Acosada por el desastre que seguimos haciendo con el mundo, al que ya hemos transformado en esa pequeña habitación a oscuras, que creemos llena de cosas porque la hemos achicado levantando paredes que nos han separado. Es que no se quiere tener tiempo de sentarse a observar con los ojos cerrados y sentir el frío virtual o palpar el anonimato robótico al que estamos, claro, acostumbrados. La costumbre enceguece un poco. Y la soledad ahí, nítida y encandilando al que no quiere verla, porque la siente.

martes, 1 de noviembre de 2011

El Sol (el único Dios) se está muriendo, y quiere llevarse con él las mejores almas.

viernes, 7 de octubre de 2011

La lluvia no disipa la mugre, sino que embarra todo ese polvo que fueron acumulando con los años los corazones que laten silenciosos. Lo que habla es el entorno que gira descontrolado como lo que rueda fuera cuando se disfruta de una vuelta en calesita. Pero en esos adentros no hay simpáticos caballos que suban y bajen, ni música, ni bombitas de colores. En ellos habitan sombras que se perciben cuando se apagan las luces porque no se quiere ver el polvo (para no tener que tratar de limpiarlo).

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Como todos los días, en el momento en el que la oscura noche se funde con la mañana celeste, rosa, amarilla él despierta y tiene reflejado en su mirada el arcoiris entero. Se despereza despacito, dibujando con los brazos el mismo semicírculo de colores que ve, que siente. Saluda a su fiel compañera Daisy con unas palmadas en el lomo que se transforman en caricias y se levanta del colchón un poco roto en el que duermen para prender un fueguito en el cordón de la vereda y cebarse unos mates calientes. Daisy, casi sin moverse, camina con los ojos a su compañero sin perderle el rastro. Mario contempla el fuego y se maravilla del espectáculo infinito que le brinda. Piensa en el sol como inspiración y festeja en su alma la existencia de este, que es su dios, y el acercamiento del mismo al oler estar llegando la primavera. El invierno y el frío son muy hostiles en la calle. No se duerme bien y al despertar los huesos chillan como locos. Esas noches se abraza fuerte con Daisy y se abrigan mutuamente y ese calor es más efectivo y saludable que el que irradian esos venenosos aparatos modernos. Como los mates que se toma Mario cada mañana que ingresan al cuerpo como una bocanada de aire veraniego, siempre acompañado por algún pedazo de pan compartido con Daisy que le regala la panadería de la vuelta de la autopista, techo que eligió para vivir. Luego del desayuno sale a caminar con su compañera. La primera estación generalmente es la charla matinal con los muchachos de la parada de diarios del barrio en donde ojea las noticias y toma café que a veces le convidan. Mario es un poco vago pero es buena gente y siempre está de buen humor. Los que lo conocen se han encariñado y lo ayudan con lo que pueden. De todas maneras, el mejor regalo que recibe cada día es la aceptación de las personas. Porque él sabe muy bien lo triste que se siente al recibir miradas de miedo, de asco, de lástima de parte de los transeúntes que, apurados y con semblantes continuos de preocupación, reparan en él de esas formas, o peor, se hacen los que no lo ven, los que no lo escuchan. Pedir limosna en la calle es muy duro. Si bien en ciudades tan grandes y superpobladas como Buenos Aires se recauda bastante bien por día, lo difícil está en lo lastimada que queda el alma ante tantos puñales que gran parte de la gente le clava a Mario con su desprecio. Desprecio que se manifiesta en las actitudes, no hace falta decir nada. De todas maneras hay gente también que se solidariza y de buena voluntad coloca un par de monedas o billetes o comida en sus manos y alguno que otro al que no lo corre tanto el tiempo hasta inicia una breve charla como para compartir un momento, poder ponerse en su lugar, o para sentirse mejor consigo mismo. Uno nunca tiene la certeza de cuál es el motor que impulsa a cada uno a realizar cualquier acción pero eso sí, cuando Mario siente la percepción de que el dinero o la comida que alguien le entrega es arrojado de mala gana, él lo rechaza agradeciendo siempre pero no por eso se evita comerse algún que otro insulto por esta reacción que sorprende, naturalmente, a cualquiera. Pero él eso lo tiene claro, no iba a recibir ayuda que tuviera malas energías porque serían traspasadas a él y si había algo que priorizaba en su vida era vivir armoniosamente tranquilo y en paz. Por suerte no se equivoca mucho con esas cosas, tiene un don o mucha sagacidad para ver un poquito más allá del envase de las almas y zambullirse en las pupilas de cualquier ser vivo que se cruce. Y así se le van patinando las tardes, deambulando por el centro con Daisy, dándole de comer a las palomas en alguna plaza bajo el sol, charlando con sus conocidos y observando la rapidez con la que corre el mundo en busca de comodidades. Ese mundo al que él no siente pertenecer. Le parecía bastante tonto tener que correr todo el día para ganar plata para comprar cosas para después tirarlas y tener que seguir trabajando todo el día para volver a ganar más plata para comprar más cosas para volver a tirarlas cuando se rompiesen en lugar de refaccionarlas o dejarlas de usar porque habían pasado de moda. Se reía desconcertadamente cada vez que buscaba en los containers y bolsas de basura y encontraba objetos que le eran de utilidad a cualquiera y hasta que le permitían decorar su casa que de a poco fue armando. Ya tiene un colchón de plaza y media, dos sillones de un cuerpo, una silla antigua que él mismo retapizó con telas que rescató de los desechos del barrio de Once, varios cartones que usa como alfombra para aislar el frío o como biombo para tener un poco de privacidad, una frazada que tiene un par de agujeros pero que es muy gruesa y combate bien el frío, varios utensilios de cocina, vajilla y elementos varios como linternas, una radio y diversas revistas que eran clavo en la parada del barrio. De las verdulerías rescata frutas y vegetales que tiran porque tienen una parte blandita pero que cortando por lo sano se puede utilizar más de la mitad del alimento. Y así se va ganando la vida. Comiendo sano, viviendo tranquilo, reciclando lo que otros desechan, como arrojan su vida buscando y buscando el dinero que les permita llegar a sus casas, pagarle a la chica de la limpieza, sentarse en el sillón nuevo, agarrar el teléfono, pedir la comida, tirar lo que sobra, sacarse el pullover para prender el split y ponerlo a treinta grados mientras se indignan frente al televisor de la pobreza del mundo, de la contaminación del planeta, quejándose de que se trabaja todo el día y que la plata no alcanza. Entonces Mario, cada noche, mientras prepara el fuego para hacerse la comida se pregunta ¿quién es en realidad el mendigo?

domingo, 24 de julio de 2011

Estaba por despedirte en una esquina de Parque Chacabuco hasta que de repente empezó a soplar un viento que tocaba notas de llamador de ángeles. Juntos empezamos a girar y nos fuimos elevando al compás de la música, girando siempre como si fuéramos dos muñequitos de cajita musical. Ya estaba yo rodeada de esponjosas nubes blancas, de esas que dan ganas de tirarse y revolcarse entre su suavidad. Y un cielo celeste se asomaba por todos lados, con ángeles que lo revoloteaban y parecían pequeñísimas hadas que desparramaban purpurina a su paso.
Ahí estaba yo. En un beso tuyo.

sábado, 23 de julio de 2011

.Dos momentos, una sensación.

Una silla, una persona, un laberinto de sensaciones.

La misma silla, otra persona, el mismo laberinto de sensaciones.

Y yo, enfrente, como un espejo. Ubicada en el mismo lugar y en el mismo laberinto. Esas dos amigas son ese charco de agua en el que me veo reflejada a sol y a sombra. Con el mismo brillo y el mismo ruido. Con la misma deformación que el viento nos genera. Y el sedimento, todo el sedimento en la cabeza.

(Esa cabeza que va nublando al corazón).

martes, 5 de julio de 2011

.Siempre que muera volveré a nacer, cuerva.

¿Cómo explicar tamaño sentimiento?

Palabras sinceras y apasionadas lanzadas como flechas que van envolviendo de una luz arcoírica el ya teñido de azul y rojo corazón.

Cantos desde el fondo más hondo de las gargantas penetrando en mis oídos en forma de viento cálido que va acariciando cada pedazo de este alma que se siente enteramente acompañada.

Bailes danzan desde las sonrisas, y empujados por una electricidad que va surgiendo de cada articulación van contagiándose los brazos y las manos hasta agitarse, las piernas hasta moverse y los pies hasta hacerlos vibrar. Esos brazos, esas manos, esas piernas y esos pies que saltan o derriban cualquier muro, cualquier obstáculo.

Torsos desnudos completamente abrigados por el fervor que ha gestado esta familia festiva que lucha por un sueño que cada vez está más cerca.

Luces como soles, como estrellas guías.

Humos rojos, azules… verdes.

Colores. Los de las venas, los de la sangre.

Y una finita luna que nos sonríe infinitamente porque VAMOS A VOLVER.

Esto es un sueño que como un lema se ha posado en la cuna de esta pasión y de un ideal. Porque esta lucha es algo tan profundo que traspasa el plano futbolístico para plantarse nuevamente en otro pedido de justicia. En la reivindicación del derecho que es la devolución de una casa que nos pertenece porque fue rapiñada por esas aves de subsuelo, como tantas otras cosas y seres. Acciones a las que sólo acceden quienes no tienen el valor, la humanidad, ni la grandeza como para obtenerlo legítimamente.

“Nos fuimos al descenso, nos vendieron la cancha. Lo que nunca pudieron es parar a esta hinchada que se hizo gloriosa en las buenas y en las malas. La que lleva en la sangre la pasión azulgrana. La pasión azulgrana…”